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sábado, 28 de julio de 2012

CAMINAR SOBRE LA TIERRA

Apreciando el milagro de caminar sobre la tierra
 

“La gente considera que caminar por el agua o por el aire es un milagro,
pero yo creo que el verdadero milagro es, en realidad, caminar por la tierra.
Cada día participamos de un milagro que ni siquiera reconocemos:
el cielo azul, las nubes blancas, las hojas verdes, los curiosos
ojos negros de un niño... nuestros propios ojos.
Todo un milagro".
(Thich Nhat Hanh)

Reflexión:


No hay que ir a ningún lugar distinto ni exótico para poder disfrutar del milagro de estar vivos, y es que, si nos detenemos por un momento, no es difícil reconocer el carácter prodigioso y altamente improbable de estar respirando, aquí y ahora. Si puedes leer estas palabras es porque eres parte de este milagro.
Que nuestro corazón funcione como lo hace, latiendo más de dos mil millones de veces a lo largo de toda una vida, o en otro ejemplo, ser conscientes de la complejidad de nuestro sistema nervioso, en el que existe un promedio de cien mil millones de neuronas conectadas entre ellas mediante unas diez mil conexiones sinápticas, milagros del que somos parte sin muchas veces darnos cuenta.
Y qué decir de las maravillas que ocurre a nuestro alrededor todo el tiempo, y las cuales podemos mirar, oír, oler; cada momento se nos presentan oportunidades para volver a conectarnos con la vida latente, y depende de nosotros tomarlas.
Si bien lo milagroso ocurre en cada momento, no siempre estamos atentos para apreciarlo, muchas veces estamos demasiado imbuidos en nuestros pensamientos o sentimos que vivimos si estuviésemos viviendo en “función piloto automático” producto del ritmo de vida moderno, sin embargo esto, hoy tenemos la posibilidad de detenernos, en esta misma respiración, apreciar la vida con atención despierta. Sin dudas todo un milagro.


Práctica:
Caminar con atención plena.
En la medida de tus posibilidades, date unos minutos para caminar con atención plena. Prestando una atención amable a tu respiración, a tus pasos y a aquello que te rodea: El suelo que pisas, el cielo, los árboles, las demás personas, etc.
Esta práctica no requiere que hagas ningún esfuerzo especial más que el de prestar atención al momento presente, y si aparece alguna idea o pensamiento que nos saquen de caminar, podemos volver a prestar atención a nuestros pasos.
Date un tiempo para simplemente disfrutar, sin tratar de conseguir nada especial, sólo caminar en el mayor silencio y atención que puedas.
En caso que no puedas caminar, permítete programar esta actividad para un próximo momento en el día o simplemente permítete observar a tu alrededor, respirando y disfrutando de aquello que te rodea.
                                                              Pausa Mindfulness 

sábado, 26 de noviembre de 2011

MEDITACION CONCENTRACION - MINDFULNESS

Normalmente, la práctica de la meditación mindfulness comienza con la práctica de la meditación concentración. Esto se hace así, porque la mente está siempre divagando continuamente de un lugar a otro, arrastrada por la corriente incesante de pensamientos, emociones, etc. El primer objetivo de la práctica de mindfulness es aquietar la mente, calmarla, tornarla serena y tranquila. Para ello, se entrenará a la mente a permanecer centrada (o concentrada) en un solo punto, en un solo estímulo, de forma constante, de un modo ininterrumpido. El estímulo seleccionado recibe normalmente el nombre de “objeto” de meditación. El objeto de meditación utilizado por excelencia es la propia respiración.
Mantener nuestra atención sobre nuestra propia respiración parece un reto bastante sencillo. Pero, ¿podemos hacerlo? ¿Podemos mantener nuestra atención sobre nuestra respiración de forma continuada? ¿Podemos mantenerla durante un minuto? ¿Podemos durante treinta segundos? ¿Y durante diez segundos? ¿Podemos?
Veamos detenidamente las instrucciones a seguir para realizar un ejercicio básico representativo de mindfulness, propuesto por Kabat-Zinn

1. Adoptemos una postura cómoda, tumbados de espaldas o sentados. Si optamos por sentarnos, mantengamos la columna recta y dejemos caer los hombros.
2. Cerremos los ojos si así nos sentimos más cómodos.
3. Fijemos la atención en el estómago y sintamos cómo sube y se expande suavemente al inspirar, y desciende y se contrae al espirar.
4. Mantengámonos concentrados en la respiración “estando ahí” con cada inspiración y espiración completas, como si cabalgásemos sobre las olas de nuestra respiración.
5. Cada vez que nos demos cuenta de que nuestra mente se ha alejado de la respiración, tomemos nota de qué es lo que la apartó y devolvámosla al estómago y a la sensación de cómo entra y sale de él.
6. Si nuestra mente se aleja mil veces de la respiración, nuestra “tarea” será sencillamente la de devolverla cada una de ellas a la respiración sin que nos importe en lo que se haya involucrado, sin enfado.
7. Practiquemos este ejercicio durante quince minutos (todos los días y en el momento que más nos convenga, nos agrade o no, y veamos cómo nos sentimos al incorporar la práctica disciplinada de la meditación en nuestras vidas. Percatémonos de lo que se siente al pasar un rato todos los días nada más que estando con nuestra respiración y sin tener que hacer nada).

Si realizamos este ejercicio, aparentemente sencillo, ahora mismo, durante un par de minutos, nos percataremos de que nos resulta imposible mantener nuestra atención de manera continuada en nuestra respiración más allá de unos pocos segundos. La atención se desvía rápida y constantemente, hacia, o es capturada por, pensamientos, emociones, recuerdos, sensaciones corporales, etc. 
                                                                                                                                     (I. Mañas)